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Por qué estamos desorientados frente a la vida? PDF Imprimir E-mail
Sábado, 17 de Octubre de 2009 09:05
Esta pregunta puede tener tantas respuestas como personas se la planteen, en el caso que exista tal inquietud. Muchos podrán responder desde perspectivas económicas, filosóficas y religiosas. Y en cierto sentido, todos tendrán alguna razón y cierta porción de la verdad.
Queremos enfocar el tema de esta inquietud, desde la perspectiva de una persona normal, en sentido estadístico, dentro de la cultura occidental, con vínculos sociales y familiares relativamente estables. Una persona promedio, que después de un tiempo de haber alcanzado ciertas metas, comienza a preguntarse muchas cosas, como el sentido de su propia vida, el «para qué» de muchas actividades y que, antes de caer en alguna adicción o actividad afanosa, que lo obnubile o atonte por completo, comienza a sentir cierta ansiedad por el sentido de la vida en general y a sentirse desorientado por los vertiginosos cambios que van aconteciendo en su entorno o por decisiones que antes tomaba sin contradicciones y ahora duda y no sabe qué hacer. Comienza a sentir cierta parálisis psicológica o existencial.
Dicen los estudiosos de la conducta social que esta sensación es la más frecuente en el mundo de hoy, experimentada por muchas personas, pero la mayoría de ellas no es consciente de esta confusión o desorientación, y comienzan a adoptar conductas autodestructivas, como el uso y abuso diversos tipos de drogas, soluciones orgiásticas o variedad de males psíquicos y físicos, sin tomar conciencia, y menos comprender, el origen de estas sensaciones y actitudes, que muchas veces tienen sus raíces en un temor a la vida y en una decepción profunda o desorientación frente a la misma.
Instrumentos de orientación
Las causas de esta desorientación, que a veces se experimenta en forma de una depresión, indiferencia, agotamiento o desmotivación pueden ser múltiples, encontrarse en nuestro actual estilo de vida, en la pérdida de prestigio de instituciones que antes considerábamos infalibles, en la decadencia moral de occidente, en el alejamiento de las mayorías, de las creencias religiosas, en el bombardeo incesante de los medios de comunicación... Sí, todo eso nos afecta e influye poderosamente sobre nuestras mentes y nuestras vidas, y va a depender del enfoque o la formación académica de cada estudioso que analice estos temas, a qué variable responsabilizar por este estado de embotamiento y desorientación colectiva que nos afecta. Y aunque todo esto es cierto y debemos considerarlos como factores determinantes en el estado actual de la situación que estudiamos, nos vamos a concentrar sólo en cómo esta gran diversidad de variables afecta a los instrumentos de navegación con los cuales contamos para orientarnos en el mar de la vida. Los seres humanos tenemos instrumentos para orientarnos y llevar nuestra vida por los rumbos por la cual queremos llevarla y acercarnos a los puertos en los cuales queremos recalar.
Estos instrumentos valiosísimos, con los cuales hemos sido dotados a través de millones de años de evolución, se encuentran conectados a nuestro sistema nervioso, y los llamamos inteligencia, intuición o instinto, emoción y, sobre todo, conciencia. En general, salvo honrosas excepciones, por el desconocimiento de estos instrumentos y el mal uso que hacemos de ellos, están en su mayoría embotados o prácticamente fuera de servicio.
Timón de la vida
Para muchos es bastante claro que nuestra inteligencia es como el timón de nuestras vidas. Pero estos sistemas de navegación para la vida funcionan de forma integrada, no basta la inteligencia o el procesar de datos, en nuestro «disco duro»; todo debe confluir en un procesamiento armónico de datos, intuiciones y sentimientos a través del instrumento o capacidad maestra de nuestros sistemas cognitivos integrados, la conciencia. Sin mantener, activar, desarrollar y/o pulir este instrumento cardinal nuestras vidas van perdiendo sentido, nos desorientamos irremediablemente y sin darnos cuenta extraviamos lo más noble y valioso de nuestra condición humana.
Pero hoy, en nuestra cultura, nadie habla de esto, como que no existiera tan maravilloso instrumento, como si no fuera fundamental, y sólo le damos importancia, más allá de nuestras ocupaciones diarias, a cosas tal fútiles y zafias como las aventuras o desventuras de tal o cual personaje de la farándula, de qué dijo zutano, si se ganó o se perdió en tal asunto, de las rebajas... Mientras tanto, los datos de las investigaciones recientes, nos van entregando estadísticas realmente alarmantes, sobre cómo nos vamos convirtiendo, sin darnos cuenta, en una sociedad de débiles mentales. Por tanto, si no procesamos nuestras experiencias cotidianas a través de nuestra conciencia, junto a nuestros sentimientos, emociones y razones, nos perdemos irremediablemente en la vida moderna; nos desintegramos como personas y sólo seremos útiles y obedientes consumidores y pagadores de impuestos; sólo engranajes mínimos de un sistema que nos traga y nos deglute sin dejarnos nada para nosotros.
Debemos aprender a procesar nuestra experiencia diaria, darle sentido a todo lo que vivimos, significar nuestro paso por esta tierra. Sin ello, de nada sirve haber vivido o haber realizado tal o cual proeza. Sólo con este desarrollo de nuestra conciencia, dándole sentido y significado a la vida, nos podemos ir orientando y recuperando nuestras facultades humanas superiores para acceder a la verdadera felicidad, a la paz interior y al bien máximo de la sabiduría. Aunque tuviéramos en nuestro cerebro la información y el conocimiento de todas las bibliotecas del mundo y de sus mas prestigiosas universidades, toda esa información no nos va a orientar ni a iluminar en el camino de la vida, sólo una conciencia despierta, procesando cada experiencia, nos permitiría comprender y darle un auténtico sentido a nuestra vida.
Las personas sufren y están mal porque no procesan sus propias vidas, no saben lo que pasa con ellos mismos. Nadie procesa nada; así muchas comunidades andan como idiotizadas, amargadas, desorientadas, estresadas, a tumbos por ahí y por allá sólo porque no logran procesar ni un gramo de lo que les pasa y menos del sistema del mundo en el que están injertos.
El sentido de la vida no está en los grandes eventos. Nada de eso. El significado de la vida está en procesar la realidad cotidiana. Al procesar la experiencia incorporamos una energía especial que nos hace más fuertes, desarrollando un centro de estabilidad interior que nos permite soportar los cambios de la vida. Esa energía que se produce al procesar la vida, también alimenta al ser, a nuestro propio espíritu.
Nos va a ir bien en la vida cuando aceptemos la realidad tal cual es. El mundo es operativo cuando comprendemos sus leyes y vivimos en armonía con ellas. La gente se enferma, mental y físicamente porque son incapaces de conectarse con la realidad que se vive. Están fragmentados en miles de partes y no ven ninguna realidad que procesar o comprender.
Clínica CECOP: Psicólogo Antonio Estévez M.- SALUD NATURAL
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