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Entrevista a Juan-Felipe Carrasco. Campaña de Transgénicos de Greenpeace PDF Imprimir E-mail
Viernes, 12 de Junio de 2009 22:15

Convencido del daño que los Organismos Modificados Genéticamente (OMG) causan en el medio ambiente y en la salud de las personas, el responsable de Transgénicos de Greenpeace, Juan-Felipe Carrasco, arremete contra la política establecida en este terreno, e informa de los peligros reales que esconde la plantación en nuestro país de transgénicos. De toda la Unión Europea sólo España ha optado por el cultivo a gran escala del maíz Monsanto 810. Juan-Felipe Carrasco es madrileño, de madre francesa y padre extremeño, lo que ha contribuido a que esté muy en contacto con el mundo rural. Es ingeniero agrónomo, experto en fitotecnia (técnica de plantas), ha estudiado mucha genética y mucha mejora vegetal. El responsable de la campaña de Transgénicos de Greenpeace ha trabajado en una universidad de Estados Unidos haciendo investigación de campo sobre métodos de riego y fertilización muy tecnológicos. Posteriormente, ejerció como analista de mercados para la mayor multinacional de comercio internacional de maíz y soja durante cinco años de su vida, que vendían y comercializaban con transgénicos y entonces, según comenta Juan-Felipe: «Decidí que yo no quería seguir haciendo ese trabajo, yo creo en la soberanía alimentaria, creo en que los países deben alimentarse a sí mismos y no deben ser invadidos por las mercancías de los países más poderosos y decidí cambiar y buscar trabajo en un sector que me permitiera trabajar por la sostenibilidad del medio ambiente y la justicia».
Casualidades de la vida, más o menos en esas fechas «Greenpeace liberaba una plaza del responsable de la campaña contra los transgénicos donde estoy desde hace ocho años», dice Juan-Felipe Carrasco.
Pregunta: ¿Cuál es la situación actual de los transgénicos en Europa? ¿Y la política de España respecto a este tema?
Respuesta: Después de 10 años de presencia de las multinacionales de los transgénicos en Europa, de un potente «lobby», una fuerte presión sobre los políticos europeos, sólo han conseguido que en Europa se aprobara un tipo de maíz, que es el maíz Monsanto 810, que se está cultivando aquí en nuestro continente.
De toda la Unión Europea sólo España ha optado por su cultivo a gran escala. El gobierno que se ha vendido como el más progresista, más solidario y que iba a cambiar las cosas, cuyo eje de la legislatura iba a ser el cambio climático y un modelo distinto de agricultura y de industria, pues sigue permitiendo que en España haya 80.000 hectáreas de un maíz que en todo el resto de la Unión Europea no se está cultivando. En algunos casos como Francia, Hungría, Grecia o Austria hay una prohibición expresa contra ese maíz. La situación, por lo tanto, es de rechazo global, social, en toda la Unión Europea, e incluso de rechazo político en muchos países. Incluso en países que tienen gobiernos teóricamente mucho menos progresistas que el de España. El gobierno francés, por ejemplo, con el señor Sarkozy ha prohibido el maíz MON 810 y está haciendo todo lo posible porque el resto de países apoyemos esa prohibición. España, en lugar de adoptar una posición democrática y de respetar la soberanía de los demás países, hace todo lo posible porque la Comisión Europea gane cada una de las batallas a favor de los transgénicos. Y tenemos que recordar que la Comisión Europea está dirigida por el gran lobby de la industria pro-transgénica y en gran medida por Estados Unidos y en vez de alinearse con la Europa del progresismo, de la protección del Medio Ambiente, con la seguridad de los ciudadanos y de su entorno natural lo que está es alineándose con esos intereses corporativos y norteamericanos que representa la Comisión Europea.
P: ¿Se puede decir entonces que el Gobierno lleva un doble juego en política medio ambiental?
R: Bueno, yo en realidad diría que lleva un juego único. Por una parte, tiene un discurso de progresismo y de medio ambiente, y por otro una realidad, que no sólo en transgénicos, en muchos otros sectores es totalmente de destrucción medio ambiental. La prueba más importante de ello es cuando el gobierno decide que desaparezca el Ministerio de Medio Ambiente y refusionarlo con el de Agricultura, pero realmente quien está llevando ahí el peso es toda la parte agrícola e industrial del Gobierno. El Medio Ambiente prácticamente ha desaparecido del interés político del Gobierno por mucho que hayan renombrado al Ministerio del Medio Ambiente y Medio Rural y Marino.
Realmente, la única persona de este gobierno socialista de la primera legislatura que de verdad defendía el Medio Ambiente, era Cristina Narbona y fue destituida. Hoy en día queda en manos de personas como Elena Espinosa o el secretario de Estado de Medio Rural y Agua, Josep Puxeu, que son verdaderos adalides de la industria y de un modelo de desarrollo absolutamente insostenible, no tiene nada que ver con una protección del Medio Ambiente, con lo cual no veo un doble juego, veo un juego claramente unidireccional a favor de la industria.
P: ¿Cuál es el riesgo real que tiene el consumo de transgénicos para la salud de las personas?
R: Los transgénicos tienen una serie de daños para el medio ambiente, para la economía, los derechos humanos, para la seguridad alimentaria y para la salud. En cuanto a daños concretos para la salud hay mucha incertidumbre, es mucho más lo que nos falta por saber que lo que ya sabemos. En esas condiciones, aprobar un producto cuyo efecto es inesperado e impredecible es, de entrada, una apuesta peligrosísima. Sobre todo teniendo en cuenta que quien hace el análisis daños de los transgénicos es la propia empresa que quiere que se apruebe, no lo hace un instituto independiente ni lo hace la Administración, y que además no se deja el tiempo suficiente para analizar los efectos a largo plazo y los efectos indirectos, es decir, ¿qué me va a pasar a mí cuando me coma el huevo de la gallina alimentada con transgénicos? Todo eso no se está analizando. Aún así ya se sabe que el Monsanto 810, que es el maíz que se cultiva en España, su aprobación fue fraudulenta y hoy en día es ilegal. No corresponde a la legislación actual de la Unión Europea. Sin embargo, gobiernos como el español están protegiendo ese maíz para proteger a la multinacional que lo comercializa.
Se sabe que el Monsanto tiene otros maíces como el Monsanto 863 que daña al hígado, a los riñones y a la composición sanguínea de los ratones de laboratorio. Que la propia Monsanto sabiendo eso, escondió el informe y que Greenpeace, a través de un mecanismo determinado judicial consiguió hacer público ese informe, que una universidad independiente francesa lo estudiara y demostrara que, efectivamente, es peligroso. Sin embargo, ese maíz se consiguió aprobar a tiempo, por el poder de Monsanto con la Comisión Europea y sobre todo, con la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria, que está al servicio de las multinacionales y no de la seguridad alimentaria. Y ese maíz está no cultivándose, pero sí importándose de Europa, un maíz cuyos efectos sobre un mamífero son peligrosos.
En España hay del orden de cien campos experimentales de un maíz que se sabe que es peligroso. Ese campo experimental no está delimitado por un laboratorio, en un recinto perfectamente controlado y cerrado; está en el medio ambiente interaccionando con el resto de plantas, emitiendo esas sustancias, toxinas y venenos, intercambiando su polen con otros maíces que luego tú te vas a comer y, así, creando una contaminación genética y química irreversible y peligrosa. De ahí que nosotros pedimos al Gobierno español que inmediatamente prohíba el cultivo de esos maíces cuya peligrosidad se ha demostrada.
P: ¿Cuáles son los peligros básicos que provoca en el medio ambiente?
R: Los transgénicos son una manera de destruir la biodiversidad porque, a través de los transgénicos desaparecen las semillas antiguas, tradicionales que habían evolucionado con el ser humano, que habíamos ido seleccionando durante miles de años, desde que nos hicimos agricultores, allá por el Neolítico y que por lo tanto estaban perfectamente adaptadas a cada una de nuestras regiones, dependiendo de la zona, tipo de cultura, etc. Y los transgénicos vienen a eliminar todo aquello, para que las multinacionales te vendan una sola semilla controlada por ellos con el único objetivo de venderte cada vez más productos químicos. Esa semilla está diseñada para aguantar cada vez más dosis de producto químico. Por lo tanto, el segundo daño de los transgénicos se aumenta el uso de tóxicos y de químicos en el campo.
Los transgénicos además, a través del polen son capaces de contaminar a otras plantas a otras especies y crean nuevas malas hierbas y aumentan la resistencia de las malas hierbas, por lo cual tendremos que hacer cada vez más uso de estos herbicidas.
Otro efecto es que aumenta la resistencia de las plagas, por ejemplo el maíz que se cultiva en España, el MON810 es un maíz del que se llama BT, es decir, que es capaz de producir una toxina que mata a ciertos insectos. Lo que hace es que el taladro que es esa plaga que supuestamente tendría que acabar con ella el maíz, mueren los más sensibles y los más resistentes se quedan, por lo cual las siguientes generaciones son aún más resistentes. Creamos nuevas generaciones de esa plaga más duras, más resistentes y más voraces. Con el problema adicional de que van a atacar a los campos vecinos, no transgénicos, que no tienen culpa de nada.
Además esa toxina no es tan eficiente que sólo mate al taladro, sino que está matando a otras especies de mariposas, de insectos, atacando a la vida silvestre, dañando a los ecosistemas marinos, haciéndole daño a toda esa micro fauna, que es tan necesaria en los suelos para que éstos sean fértiles.
No olvidemos que el suelo es fértil porque hay millones de seres vivos pequeñitos que transforman la materia orgánica derivada de las plantas, los restos de las cosechas, frutos que caen y las hojas en materia mineral, que luego será absorbida por la siguiente planta, en definitiva, la fertilidad.
Un transgénico es capaz de destruir todo eso y por lo tanto hacernos cada vez más dependiente de la industria que nos vende los abonos químicos y los fertilizantes. Es una industria que viene del petróleo y que además causa bastante cambio climático. Como se puede comprobar los transgénicos nos alejan de la solución al cambio climático y lo acentúan porque promueven un modelo de agricultura más químico, más petróleo, más transporte, más mecanización, más destrucción de la vida del suelo y más abonos; además de más aplicación de productos químicos al suelo que luego, al evaporarse, se convierte en gases efecto invernadero como el N2O o como el metano. Entonces, nos encontramos ante un modelo de agricultura que nos lleva hacia el suicidio colectivo de la agricultura y del planeta. No es un modelo de agricultura ni que solucione el hambre ni que solucione ningún problema. Al revés, va a profundizar los grandes problemas de la humanidad. Los transgénicos no son la solución, sino la causa del hambre en muchos lugares del planeta.
P: En nuestro país ¿qué territorio se destina al cultivo de Organismos Genéticamente Modificados (OMG) y cuáles son los principales cultivos?
R: Pues se cultiva en Cataluña y Aragón, un poco en Castilla La Mancha, en Andalucía y un poquito en Extremadura.
El 90 por ciento del cultivo de transgénicos se concentra en Castilla La Mancha y Aragón y estamos hablando de unas treinta y pico mil hectáreas en cada una de estas dos comunidades y luego unas veinte mil repartidas por el resto del país. Se trata de maíz MON810 que está en grandes superficies de regadío «moderno» y muy destructivo y muy demandante de recursos de agua, de química, etc. de la zona de la Plana de Lleida, entre otras.
En la sociedad que llaman de la información, de la democracia y de los derechos están obligándonos a comer los productos de las multinacionales, sus manipulaciones y sus horrores genéticos y químicos sin informarnos. Si son tan buenos y tan modernos por qué no nos dicen claramente que nos los estamos comiendo. De este modo podemos elegir si los seguimos consumiendo o no.
Si algún ingrediente es transgénico debe indicarse. Por ejemplo, si una pizza lleva lecitina de una soja modificada genéticamente, debe estar indicado. Si tiene almidón de maíz transgénico, isoglucosa, maltosa, dextrosa de maíz trangénico, también tiene que ponerlo.
Lo que ocurre es que el mecanismo para que ese etiquetado sea veraz, el proceso que sigue la mercancía del campo hasta el plato, a través de todo el proceso industrial de empaquetado, de transformación, se llama la trazabilidad; y esa trazabilidad en realidad no existe. No se ha puesto en marcha toda la burocracia que garantiza que se sigue la mercancía desde el campo al plato. De tal manera que en la mayor parte de los alimentos no aparece este transgénico en el etiquetado y nadie sabe si esa empresa lo utiliza o no.
Nosotros lo que hemos hecho es un producto alternativo: La Guía Roja y Verde, disponible en nuestra página web. En ella aparecen todos los productos con y sin trangénicos. Nosotros consultamos a las empresas, les mandamos firmar unos certificados, algunos productos los analizamos incluso nosotros y hacemos todo un seguimiento del etiquetado con los voluntarios que están en la calle para intentar averiguar quién miente, quién etiqueta bien, etc. Consumir de la lista roja es consumir de empresas que destruyen el medio ambiente y a las que no les importa nuestra salud.
Por otra parte, la legislación del etiquetado tiene una enorme trampa y es que los derivados animales (leche, carne y huevos) de animales alimentados con transgénicos no se etiquetan, no es obligatorio. Si tenemos en cuenta que el 90 por ciento de los transgénicos se dedican a producir piensos compuestos, para animales, esto significa que el 90 por ciento de los transgénicos pasan a nuestra alimentación, sin que nos demos ni cuenta. Es una agresión contra nuestra salud sin precedentes en la historia de la humanidad.
P: ¿Qué consejos le daría al lector que, tras haberse enterado de la trampa de los transgénicos, decida no consumirlos más?
R: Lo primero que hay que hacer es comer ecológico. Yo, por ejemplo, prácticamente todo lo que como es ecológico. La agricultura ecológica no tiene transgénicos, por ley lo prohíbe. Por lo tanto, comer ecológico es la garantía de no comer transgénicos. Este tipo de alimentos son un poco más caros, pero lo que hay que ver es que lo que estás pagando es el daño que no le haces a la naturaleza.
Los productos más baratos de los supermercados tienen ese precio porque están haciéndole pagar al planeta y a tu propia salud un precio del que no te estás dando ni cuenta. Pero ¿cuál es el coste de un cáncer o de otras enfermedades graves que se manifiestan a los 40 ó 50 años por lo que comiste en tu infancia y juventud? Así que el precio es una cosa muy relativa.
Cuando en este país el presupuesto familiar dedicado a alimentos es cada vez más bajo y se sustituye más por presupuesto en tecnología, en transporte, coches y demás, es absurdo decir que no te vas a comprar el kilo de manzanas a medio euro más caro, pero luego no te importa pagar 10 euros el fin de semana por una copa de whisky, por ejemplo. El coste de las cosas es muy relativo, es más una cuestión de una pirámide de elecciones moral, ética y psicológica, que de que «esto es muy caro».
Además consumir ecológico es una manera de revitalizar la agricultura rural. La agricultura de unos campesinos que defienden el campo y un mundo sin transgénicos. Lo otro, el producto barato del supermercado proviene de un modelo de dictadura de la alimentación por parte de tres multinacionales y cuatro grandes terratenientes que están todavía controlando nuestro campo. El segundo consejo es utilizar la Guía Roja y Verde de Greenpeace. También recomiendo mirar el etiquetado, convertirte en un observador de etiquetado para Greenpeace, y en cuanto veas que un producto es transgénico informarnos a través de la página web de Greenpeace, que hay un formulario especial para rellenar, mandarnos una foto por correo electrónico de esa etiqueta para que podamos reaccionar, llamar a nuestra organización, escribir a las empresas de la lista roja pidiéndoles que dejen de vender transgénicos, utilizar un email de nuestra Web, que es una ciberacción que envía automáticamente a todas las empresas rojas para que dejen de vender transgénicos. Tampoco podemos olvidar que organizaciones como la nuestra viven exclusivamente de sus socios, nosotros no recibimos dinero ni de empresas ni de estados, sólo podemos trabajar y hacer guías, etc. si nuestros socios nos sostienen y, por lo tanto, es muy importante hacerse socio de una organización como la nuestra. Por sólo nueve euros al mes apoyas el trabajo político de un grupo de personas que trabajan las 24 horas del día por tu futuro y tu alimentación.
P: ¿Cuál es la posición de Greenpeace frente a la biotecnología?
R: Greenpeace no se opone a la biotecnología que es el vino, es el queso, es el pan… Biotecnología es hacer un producto alimentario con vida, con una levadura, con un hongo. Tampoco nos oponemos a que en el laboratorio haya bacterias que estén produciendo insulina para gente que tenga problemas de diabetes ni nos oponemos a que se investigue la vacuna del sida con manipulaciones genéticas, pero en el laboratorio, en ambiente controlado, confinado y sin relación con el medio ambiente. A lo que nos oponemos es a la liberación de esa biotecnología al medio ambiente, de esos transgénicos, esa manipulación genética al medio ambiente que luego interacciona con otros cultivos, con otras plantas que luego yo me voy a comer. No es igual producir en un bote una insulina con una bacteria que luego destruyo y no tiene ninguna relación con el medio ambiente o la minimizo; a cultivar miles de hectáreas de un arroz que va a estar conviviendo con el arroz de mi paella, y que luego ese arroz le va a estar transmitiendo al arroz de mi paella unos genes de una multinacional que yo no quiero, que no he pedido en mi paella. Y hay aberraciones como, por ejemplo, arroces con genes humano, que se están investigando para producir hemoglobina humana para medicina, ¡pues que se haga en un laboratorio! Porque hacer eso al aire libre supone intercambiar genes a través de la polinización y resulta que yo voy a comer mi arroz con pollo, con gambas y con genes humanos.
P: ¿Cómo se siente como representante de España cuando acude a Bruselas para tratar el asunto de los transgénicos?
R: Por una parte, tengo el enorme orgullo de pertenecer a un país que es de los más biodiversos de Europa, bajando puestos en la escala de una manera brutal; pero por otra parte, siento a veces vergüenza de decir que pertenezco a un país cuyo gobierno, antes el PP y ahora el PSOE (que me da igual porque es el mismo perro con distinto collar) siguen promocionando aberraciones como los transgénicos, que van en contra de la humanidad y de la naturaleza.

Fotos y texto: Marta Gómez Esteban

Revista Verano 2009

 

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